Al MACBA no le gustan los reyes porculizados

Los museos de arte moderno como el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, el Centre national d’art et de culture Georges-Pompidou de París o el más reciente Tate Modern de Londres, representan espacios de transmisión de toda clase de mensajes, siendo los artistas los responsables de crearlos.

En la teoría, un museo de estas características no tiene una política marcada sobre los mensajes que deben difundirse en su recinto. Son lugares democráticos, flexibles y el fin es hacer llegar diferentes visiones artísticas, aunque éstas ataquen a la propia institución o a los poderes que la sustentan. En la práctica, el Museu d’Art Contemporani de Barcelona, más conocido como MACBA, deja en evidencia que cuando la crítica artística se vuelve demasiado molesta, la institución puede tomarse la libertad de censurar algunas obras eufemísticamente resaltadas como “ofensivas”.

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Ante la indignación de unas 200 personas, ayer el MACBA dejó bien claro que no le gusta que el arte “porculice” literalmente a los reyes. La pieza en cuestión se trataba de una escultura que forma parte del proyecto “Loomshuttles / Warphats” (Lanzaderas de telar / Caminos de guerra) de la austríaca Ines Doujak y el británico John Barker y que bajo el nombre de Haute couture 04 Transport (Alta costura 04 Transporte) iba a formar parte de la exposición “La bestia y el soberano”, la cual fue finalmente cancelada por el director del MACBA, Bartolomeu Marí, debido a la negativa de los comisarios a retirar la obra.

la bestia i el sobira

Según Doujak y Barker, su escultura representa al rey Juan Carlos I montando por una mujer de aspecto indígena, inspirada en la líder obrera y feminista boliviana Domitila Barrios, quien a su vez es también sodomizada por un perro. Para el comisario Valentín Roma “Doujak es una artista reconocida, con una trayectoria de investigación sobre las dinámicas del colonialismo y ya había expuesto en el MACBA. (…) La escultura rechazada forma parte de un proyecto iniciado en 2010, que arroja luz sobre las complejas y asimétricas relaciones entre Europa y América Latina. Es una obra que se inscribe en la gran tradición de las relaciones entre arte y poder. Desde hace siglos el arte caricaturiza los arquetipos del poder y eso es lo que hace Doujak, por lo que en una muestra sobre cómo se repiensa la soberanía en la actualidad  no podíamos aceptar eliminarla. Probablemente muchos ni se hubieran dado cuenta de quién es el personaje, porque no es importante en la obra”.

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Sin embargo, todo esto pareció ser irrelevante para Marí, quien aseguró no haberse enterado de la presencia de la “ofensiva” obra hasta el lunes pasado. El estupor que le debió causar fue tal que decidió su retirada inmediata de la exposición, aunque curiosamente considera que la filosofía del museo es “muy abierta” y que su decisión se encuentra al margen de “ninguna presión” y que, además, su decisión fue tomada por pura “responsabilidad”. Hoy, Día del Padre, los comisarios del MACBA seguramente felicitarán al paternal Marí, cuyas grandes decisiones son siempre las más acertadas para el bien del museo, aunque el resto del mundo no le entienda. “Una muestra implica un proceso de mediación entre los comisarios y la institución y es sorprendente y lamentable no haber llegado a un acuerdo”. Estas palabras del papá director me entristecen de sobremanera. Sus hijos no le entienden y esta incomprensión le debe producir un sufrimiento sin fin y una gran soledad. Incluso se dirige al pueblo barcelonés y nos dice que está dispuesto a explicarnos el motivo de por qué no podremos ver esa obra no apta para su exhibición. Está claro que Marí no quiere verse como un siervo del poder y en realidad solo vela por el bien de sus infantes, quienes no diferencian entre “ofensa” y “crítica”, “mal gusto” o “discurso artístico”.

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Ironías aparte, ¿qué es lo que realmente le molesta al director del MACBA? Alguien de su responsabilidad y experiencia seguro que sabe diferenciar entre el envoltorio y el contenido y si no fuera el caso, algo que lo dudo, los argumentos de los comisarios debieron ser lo suficientemente clarificantes como para hacerle entender que la sodomización al rey era en realidad lo de menos, ya que su sentido no caía en la banal sátira, sino en algo más profundo como bien señaló el comisario Roma. Entonces, si damos por hecho que el director Marí entiende los discursos del arte moderno, ¿cuál ha podido ser el motivo real para ser rechazada? Según él, no recibió presión del exterior, aunque de no ser así es evidente que tampoco lo diría. También podría ser que no quisiera convertir al museo en el portador de un mensaje que pudiera malinterpretarse y ser utilizado como sátira hacia una monarquía que no hace más que agonizar. Si esto último fuera así, ¿qué hay de malo que la gente reinterprete el arte? ¿Desde cuándo los museos contemporáneos se empeñan en mostrar sólo discursos unidireccionales y desechan aquellos que puedan generar otras lecturas? Bajo mi punto de vista, la ofensa que señala Marí no es más que miedo a que la imagen de un poder moribundo se convierta en viral por la sociedad. Cuando el poder es fuerte los museos se vanaglorian de mostrar obras de arte críticas al sistema y a las entidades que lo sustentan, pero hipócritamente, cuando uno de estos entes empieza a caer, toda lectura artística que contribuya a su hundimiento es reprimida bajo términos de arte “ofensivo”.

No es nada nuevo que el mercado del arte y las instituciones museísticas están conectadas con los poderes que nos gobiernan directa o indirectamente, pero lo sucedido ayer en el MACBA es una evidencia más para aquellos que aún conservaban algo de fe.

Fuentes: