Aku no Hana // Las Flores del Mal – Shūzō Oshimi (Charles Baudelaire en un instituto japonés)

Marcel Proust (1871-1922) señaló en su día la semejanza entre la elaboración de una gran obra de arte y la construcción de una catedral, donde a través de décadas y siglos, se va trabajando sin llegar muchas veces a su finalización. Las Flores del Mal de Charles Baudelaire (1821-1867) es precisamente una de esas obras de arte que hacía referencia Proust, una obra que, al igual que En Busca del Tiempo Perdido, abarca prácticamente toda la existencia vital de su autor, siendo de este modo un reflejo de sus experiencias, reflexiones, cambios, inquietudes, sueños y desesperanzas a lo largo de todo su camino.

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Las Flores del Mal fue publicada en París el 23 de junio de 1857, cuando Baudelaire tenía 36 años, pero lo cierto es que su composición puede remontarse a 1842, cuando a la edad de 21 años tenía previsto publicar un libro de poesía bajo el nombre de Las Lesbianas. En 1848 su idea inicial cambiaría ligeramente, adoptando el título de Los Limbos, cuyo objetivo era expresar “las agitaciones espirituales de la juventud moderna”. En 1857, Las Flores del Mal seguirá siendo un libro donde se refleje la crudeza de la sociedad moderna, pero su intención ya no se focalizará en esto, sino en “representar el horror del mal, la agitación del espíritu del mal”. Este cambio de perspectiva, se debe en gran medida a la influencia de Edgar Allan Poe (1809-1849), de quien tradujo al francés un gran número de obras, y del filósofo contrarrevolucionario Joseph de Maistre (1753-1821), llegando así a la certeza de que en lo más profundo del hombre, yace siempre el mal.

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Retrato de Charles Baudelaire (1844) – Émile Deroy

La primera edición de 1857 fue duramente condenada por la crítica y acabó finalmente mutilada por la justicia francesa, ya que se consideraba que la obra atentaba contra la moral pública y religiosa. Aunque Baudelaire, en su defensa, renegara de cualquier vinculación moral y filosófica en su libro, lo cierto es que el libro está concebido como una especie de tratado moral, donde se hace una fuerte crítica a la idea de progreso, a la hipocresía de la sociedad moderna y su persistencia en el mal, que no es otra cosa que la propia naturalidad del hombre.

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Reunión de 35 cabezas expresivas (1828) – Louis-Léopold Boilly

Con Las Flores del Mal, Baudelaire halla la poesía allí donde nadie se había atrevido antes a encontrarla. Se sumerge a los infiernos y decide convertirse en demonio para arrancar los secretos que se esconden en la noche de cada uno de nosotros. No obstante, para la fiscalía, el “pecado” del poeta no recaía tanto en su contenido como en su forma agresiva, violenta y poderosa de expresarse, lo cual consideraban peligroso a la hora de comunicar esas “monstruosidades”, como algunos críticos definían. El resultado fue la prohibición de algunos poemas, todos ellos de carácter erótico, lo cual hace pensar que los jueces del Segundo Imperio francés tenían más miedo de la exploración íntima del cuerpo, que de la rebelión moral del libro en su conjunto.

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Un caso famoso (1865) – Honoré Daumier

Si bien Baudelaire logró que su libro no fuera totalmente prohibido y sobre todo, que la fiscalía no lo condenara a prisión, tras la sentencia, Baudelaire quedó totalmente abatido, ya que siempre había querido hacerse respetar como escritor, y ahora era relegado a una categoría que lo homologaba con la gente de mal vivir. Su dignidad como poeta tenía una herida profunda, pero esta circunstancia también le sirvió para tener una mejor consciencia de sí mismo y verse como un mártir que debe soportar una época que no le corresponde.

“Soy de la raza de los que cantan en el suplicio”
– Arthur Rimbaud

La condena de Las Flores del Mal, también sirvió para que ésta no quedara finalizada y motivara al poeta a pulirla, perfeccionarla y añadir nuevos poemas. En 1861 Baudelaire publicó la segunda edición de su obra, la cual contenía algunos poemas nuevos, pero la novedad más importante fue la incorporación de la parte titulada Cuadros Parisinos, una de las más importantes del libro, donde se deja patente una visión madura sobre la vida en las ciudades. Cabe destacar que en la primera versión de su proyecto de prefacio para esta edición, Baudelaire escribió: “Me ha parecido placentero, y tanto más agradable cuanto que la tarea era más difícil, extraer la belleza del Mal”. En esta segunda edición, el poeta vuelve de nuevo a centrar sus intenciones en extraer el “horror del mal”, aunque tal y como vemos, ese “horror” también puede ser algo bello.

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Retrato de Charles Baudelaire (1847) – Gustave Courbet

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Caricatura de Charles Baudelaire (1850) – Félix Nadar

La tercera y última edición de Las Flores del Mal, verá la luz póstumamente en 1868, con algunos poemas nuevos. La obra se entiende que está finalizada tal y como la quería Baudelaire en 1867, aunque seguramente si hubiera vivido más tiempo, no hubiera dejado de revisar su obra, puliendo algunos versos aquí y allá, introduciendo nuevos poemas, etc. Baudelaire era extremadamente perfeccionista con su magnum opus y es por ello que está considerada una de las mayores realizaciones de la época, donde además del tema provocador y la forma de dirigirse a sus semejantes, se aprecia un insólito uso totalmente libre de la lengua francesa, que fue valorada incluso por algunos de sus más fervientes críticos.

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Fotografía de Charles Baudelaire (1866)

Una vez dicho todo esto, ¿a quién se le ocurriría hacer un manga sobre Las Flores del Mal? La respuesta la tenemos en el mangaka japonés Shūzō Oshimi y su obra Aku no Hana, cuya traducción literal es precisamente el mismo nombre que la obra de Baudelaire (en España se conoce como Las Flores del Mal, bajo el sello de Norma Editorial). La publicación del manga empezó a serializarse en 2009 y finalizó en 2014, con un total de once volúmenes.

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Edición japonesa de Las Flores del Mal

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Colección completa del manga Aku no Hana (edición japonesa)

Aku no Hana es de esas obras, que al igual que en la película de Béla Tarr, El Caballo de Turín, donde las referencias a Nietzsche eran sutiles y se traslucían de forma intrínseca tanto en el formalismo como en el contenido de la narración, la vinculación profunda con Las Flores del Mal sólo es revelada a aquellos que hayan leído el libro en cuestión.

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En un principio, el manga parece tener muy poco que ver con la obra de Baudelaire, ya que la historia se centra en la época actual y en el típico instituto japonés, lleno de adolescentes haciendo bromas, riendo y cotilleando sobre amoríos. No obstante, pronto observamos que entre toda esa marabunta convencional, destaca una oveja negra, una chica solitaria, taciturna y con cara de pocos amigos. Sus compañeros la tratan como un bicho raro, precisamente porque no se relaciona, pasa de todo en clase, saca malas notas y especialmente por sus salidas de tono, donde llega incluso a insultar a su tutor llamándole “comemierda”. Su nombre es Sawa Nakamura.

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En esta pequeña presentación de Nakamura ya podemos intuir cierta referencia con la vida y obra de Baudelaire. Su rebeldía, descaro, agresividad y marginalidad es algo que entronca perfectamente con el poeta francés, así como su lucha contra todo y contra todos.

“Quisiera poner la raza humana entera contra mí”
– Charles Baudelaire

Por supuesto, algo así es completamente insuficiente, pero es un comienzo, una primera toma de contacto con Las Flores del Mal y con Nakamura, que es quien realmente lleva el peso de la historia y conecta con el mundo baudelairiano. A medida que la narración avanza, pronto averiguamos que esa personalidad huraña y provocadora, tiene todavía que mostrarnos mucho más.

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Paralelamente a Nakamura, tenemos otro personaje, Takao Kasuga, un chico que se siente atraído por una compañera de clase, Nanako Saeki, la típica chica popular, que es guapa, inteligente y agradable. Aparentemente, Kasuga es un chico completamente convencional, con amigos y con un carácter tímido y moderado, no obstante él siente que es diferente al resto de sus compañeros, especialmente por sus inquietudes y gustos culturales que le llevan a leer Las Flores del Mal de Baudelaire, libro que siempre lleva consigo y que lo trata con especial devoción. Sus compañeros nada saben de sus peculiares gustos literarios, aunque Nakamura pronto descubre que Kasuga no es como los demás y siente un fuerte interés por la oscuridad que esconde.

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A partir de aquí, se establece un importante triángulo entre estos tres personajes, a partir de los cuales girará toda la narración.

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Nakamura es un personaje que está cansada, aburrida de todo lo que le rodea, especialmente de la hipocresía humana, de sus máscaras y de la mediocridad que todo lo impregna. Por ello, cuando intuye la oscuridad de Kasuga y sus deseos ocultos, decide poner todo su empeño en liberarlo de sus ataduras y convertirlo en todo un pervertido. Para ello se sirve de toda clase de bajezas, extorsionándolo para que cumpla los fines que ella quiere. Su objetivo es que Kasuga logre desprenderse de esa hipocresía que todo el mundo lleva por máscara, y que se muestre tal como es, con toda su “maldad” a flor de piel y sin miedo en exhibirla.

“Jamás se puede excusar a alguien por ser malo, pero hay cierto mérito en saber que se es tal”
– Charles Baudelaire

La obsesión de Nakamura por combatir la hipocresía humana, entronca perfectamente con los principios de Baudelaire, así como en ese poema suyo, Al Lector, que sirve de introducción a Las Flores del Mal:

La necedad, el error, el pecado, la tacañería,
Ocupan nuestros espíritus y trabajan nuestros cuerpos,
Y alimentamos nuestros amables remordimientos,
Como los mendigos nutren su miseria.

Nuestros pecados son testarudos, nuestros arrepentimientos cobardes;
Nos hacemos pagar largamente nuestras confesiones,
Y entramos alegremente en el camino cenagoso,
Creyendo con viles lágrimas lavar todas nuestras manchas.

Sobre la almohada del mal está Satán Trismegisto
Que mece largamente nuestro espíritu encantado,
Y el rico metal de nuestra voluntad
Está todo vaporizado por este sabio químico.

¡Es el Diablo quien empuña los hilos que nos mueven!
A los objetos repugnantes les encontramos atractivos;
Cada día hacia el Infierno descendemos un paso,
Sin horror, a través de las tinieblas que hieden.

Cual un libertino pobre que besa y muerde
el seno martirizado de una vieja ramera,
Robamos, al pasar, un placer clandestino
Que exprimimos bien fuerte cual vieja naranja.

Oprimido, hormigueante, como un millón de helmintos,
En nuestros cerebros bulle un pueblo de Demonios,
Y, cuando respiramos, la Muerte a los pulmones
Desciende, río invisible, con sordas quejas.

Si la violación, el veneno, el puñal, el incendio,
Todavía no han bordado con sus placenteros diseños
El lienzo banal de nuestros tristes destinos,
Es porque nuestra alma, ¡ah! no es bastante osada.

Pero, entre los chacales, las panteras, los podencos,
Los simios, los escorpiones, los gavilanes, las sierpes,
Los monstruos chillones, aullantes, gruñones, rampantes
En la jaula infame de nuestros vicios,

¡Hay uno más feo, más malo, más inmundo!
Si bien no produce grandes gestos, ni grandes gritos,
Haría complacido de la tierra un despojo
Y en un bostezo tragaríase el mundo:

¡Es el Tedio! — los ojos preñados de involuntario llanto,
Sueña con patíbulos mientras fuma su pipa,
Tú conoces, lector, este monstruo delicado,
—Hipócrita lector, —mi semejante, — ¡mi hermano!

En este poema, donde por primera vez un escritor se atreve a insultar directamente al lector llamándole “hipócrita”, vemos claramente la misma pulsión violenta de Nakamura por enfrentarse contra la hipocresía de una sociedad que no es consciente que, bajo el ideal de progreso, descansa sobre una almohada en la que reposa el propio “Satán”. Por otro lado, el fastidio por el tedio es algo que también se ve reflejado en la actitud pasota de Nakamura, que se muestra desencantada y aburrida con el mundo, hasta que encuentra a Kasuga, una hermosa flor del mal que le da ilusión y energía por vivir de manera intensa.

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Todo esto podría ser suficiente para tener una interesante historia con Las Flores del Mal como inspiración, pero el mayor virtuosismo de Shūzō Oshimi es haber ido todavía más lejos, cogiendo la estructura del libro de Baudelaire para adaptarlo en su manga.

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La estructura de Las Flores del Mal se compone de un prefacio (el poema Al Lector), más seis partes temáticas:

  • Spleen e Ideal (88 poemas): El poeta se muestra alternativamente atraído por el ideal y recayendo en el tedio.
  • Cuadros Parisinos (18 poemas): Contemplación de la ciudad y sus habitantes; en el exterior se descubre el reflejo del problema esencial de la condición humana: el mal.
  • El Vino (5 poemas): Intento de huida a los “paraísos artificiales” (embriaguez, sueño, poesía), lo cual no puede conducir a otra cosa que el fracaso.
  • Las Flores del Mal (12 poemas): Voluntad de destrucción, de abrazar voluntariamente el mal, la depravación; el poeta se hunde en la perversión para extraer de allí su poesía, como último recurso frente al hastío, a la angustia del tiempo, la ausencia de salvación.
  • La Rebelión (3 poemas): Contra la divinidad, contra su destino y contra la vida; desesperación del que no encuentra salida.
  • La Muerte (6 poemas): Aspiración al reposo, al hundimiento en lo absolutamente desconocido, pero con la esperanza de encontrar alguna saluda; muerte de los protagonistas, comienzo del “gran viaje”.

Tal y como se puede apreciar, esta estructura está pensada para hacernos avanzar por diferentes estadios a través de las sucesivas partes, hasta hacernos llegar a su clímax y desenlace, que no es otro que el poema El Viaje con el que se cierra la última parte.

(…)

¡Amargo sabor, aquel que se extrae del viaje!
El mundo, monótono y pequeño, en el presente,
Ayer, mañana, siempre, nos hace ver nuestra imagen;
Un oasis de horror en un desierto de tedio!

(…)

Bajo esta idea, Aku no Hana sigue esta misma arquitectura haciendo pasar a sus protagonistas por diferentes fases, las cuales están completamente relacionadas con las partes de Las Flores del Mal. En el manga, todo ello sucede de forma natural, por lo que sólo alguien que haya leído la obra de Baudelaire podrá percatarse de ello, no obstante el autor no pretende ser previsible ni tan siquiera para los que ya conocemos la obra, y sin pretender desvelar el desenlace, sólo diré que Shūzō Oshimi logra ir más allá de esta arquitectura cerrada y es precisamente cuando el mangaka se deja oír y plasma sus propias conclusiones.

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El Origen de la Visión (1883) – Odilon Redon

Para finalizar, no podría cerrar este artículo sin hacer referencia al anime basado en este manga y que al igual que éste, lleva el título de Aku no Hana. La particularidad de esta animación, dirigida por Hiroshi Nagahama, es que está realizado con rotoscopia, lo cual consiste en remplazar fotogramas de una filmación real, por otros dibujados y calcados sobre cada fotograma. El resultado causó un gran revuelo entre los espectadores convencionales y los seguidores del manga original, quienes por un lado criticaban la “fealdad” de las imágenes al mostrar personajes y escenarios demasiado reales, y por otro al mostrar a una Nakamura o a un Kasuga que, como no podía ser de otro modo, tenían un nulo parecido físico con sus homólogos del manga.

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Las fuertes críticas afectaron a las ventas y por desgracia la animación se quedó sin una segunda temporada, mostrando de este modo sólo un tercio de toda la obra. Aun así, a pesar de toda su controversia y el hecho de que carezca de continuación, bajo mi punto de vista vale mucho la pena dar una oportunidad a este anime. Por un lado, soy de los que piensan que la rotoscopia fue un buena decisión desde el punto de vista artístico y conceptual, ya que de este modo se podía mostrar con mayor crudeza el comportamiento humano, así como ciertos paisajes de la ciudad, donde decadencia y belleza se dan de la mano (maderas desgastadas, farolas oxidadas, suciedad en los muros, etcétera). También pienso que su lenguaje visual alternativo, se relaciona mejor con el lenguaje literario de Baudelaire, igual de atrevido, provocador e innovador (y con un parecido resultado en la crítica y ventas).

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Si el manga no es para todos los públicos, la animación todavía lo es menos, sobre todo si tenemos en cuenta que el espectador medio de anime japonés, suele tener una mentalidad poco flexible a los cambios estilísticos. Aku no Hana es un anime adulto, y aunque tal vez no todo el mundo se sintió atraído por su historia, creo que su mayor “hándicap” fue arriesgar en su estética e intentar romper con unos convencionalismos demasiado arraigados y poco dado a la innovación. Pero desde el principio la idea de Shūzō Oshimi fue la de asumir los riesgos y crear una obra que resultara diferente, bella y provocadora al mismo tiempo, es decir una obra de culto, con todo lo que ello conlleva.

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Por último, mención especial a su canción del ending (fin de episodio) del grupo Asa-Chang and Junray y que tiene por título A Last Flower. Un tema en total consonancia con la premisa alternativa de esta animación.

Fuentes:

  • BAUDELAIRE (Ed. Debate) – Mario Campaña
  • BAUDELAIRE. OBRA POÉTICA. EDICIÓN BILINGÜE (Ediciones 29) – Charles Baudelaire
  • LAS FLORES DEL MAL (Norma Editorial) – Shūzō Oshimi