Decadentismo (Parte 2): À Rebours – Joris-Karl Huysmans

Dentro de este contexto de pesimismo de finales del siglo XIX y de deseos de renovación artística y espiritual, el escritor francés Joris-Karl Huysmans (1848-1907) se hace realmente popular entre los jóvenes escritores de carácter rebelde y antiburgués, sobre todo a raíz de la publicación de su obra À Rebours en 1884, la cual escandalizó enormemente a la ortodoxia imperante y a los críticos mejor reputados. Este libro, conocido en las traducciones hispanas como “A Contrapelo”, “Al Revés” o “Contra Natura”, fue encumbrado por la bohemia parisina como la biblia de la sensibilidad estética decadentista, la cual se oponía al materialismo y a la mediocridad del mundo moderno, a través de la exaltación del refinamiento espiritual y una peculiar atracción por los misterios de la perversidad, el satanismo, y todo aquello que estuviera relacionado con lo sobrenatural y lo místico.

a-rebours_1

Para el decadentismo, el terreno del más allá se convierte en una vía de escape donde alejarse de la vulgaridad terrenal y de la bajeza social, pero a diferencia de los ascetas cristianos, éstos no ponen sus miras en Dios, sino en el Diablo. Para el decadentista, el culto a las Tinieblas se convierte en una reacción lógica contra esa moral burguesa, que no es otra cosa que una simple prenda de vestir que les hace sentir más iluminados y dignos ante el diferente o el anormal. Pero, ¿qué se consideraba normal en Europa a mediados del siglo XIX?

gustave-caillebotte_2

Calle de París en un día lluvioso (1877) – Gustave Caillebotte

Si nos referimos a los usos y costumbres de la sociedad burguesa, la normalidad se sustentaba en tres puntos básicos: matrimonio, hijos y cristianismo. La familia debía representar un lugar tranquilo y ordenado, donde cada uno de los miembros tenía claro su papel, el cual venía determinado por la moral cristiana. La mujer se ocupaba de la hacienda y de los niños, el marido de los negocios, y los hijos representaban el orgullo y continuación del linaje. Ser normal implicaba proyectar esta imagen a los demás, como si se tratase de un cuadro, donde todos los personajes aparecen fijos, representando cada uno de ellos un papel que no da lugar a más interpretaciones.

gustave-caillebotte_1

Retratos en el campo (1876) – Gustave Caillebotte

mary-cassatt_1

Alexander J. Cassatt y su hijo Robert (1884) – Mary Cassatt

morisot

Mujer en la ventana (1869) – Berthe Morisot

gustave-caillebotte_3

La familia Caillebotte (1876) – Gustave Caillebotte

De hecho, el estilo pictórico preferido de las familias burguesas era el realismo, en especial las de tendencias académicas con ambientes costumbristas y paisajísticos, aunque a partir del último tercio del siglo XIX el impresionismo también lograría introducirse tímidamente en algunas familias deseosas de distinción. La idea era reflejar la normalidad desde un punto de vista cristiano, donde reinaba el supuesto orden natural de las cosas con total claridad. Eran pinturas donde el ideal burgués se veía reflejado a través de la representación de lo cotidiano, así como de unos paisajes bucólicos que de manera indirecta pretendían aunar naturaleza y moral.

ferdinand-georg-waldmuller_1

La familia Kerzmann (1840) – Ferdinand Georg Waldmüller

ferdinand-georg_2

La familia Gierser (1838) – Ferdinand Georg Waldmüller

F-000100.jpg

Lady Mary Templeton y su hijo mayor (1802) – Thomas Lawrence

(c) Walker Art Gallery; Supplied by The Public Catalogue Foundation

Mujer rezando (1878) – William Powell Frith

ferdinand-georg-waldmuller_2

Dachstein (1835) – Ferdinand Georg Waldmüller

No obstante, si bien las pinturas pueden mantener fijo su compromiso moral, el hombre de pocas convicciones, el hipócrita, siempre acaba revelando su propia naturaleza por mucho que se esfuerce en ocultarlo, y esto lo supieron ver los decadentistas, quienes no dudaron en ser satíricos y ácidos contra esa doble moral imperante en la sociedad.

 

“Ser natural es una pose demasiado difícil”.

– Oscar Wilde –

 

La pretensión del buen burgués decimonónico siempre fue la de trasladar una imagen de ejemplaridad moral, dado que eso era lo que se consideraba normal y natural, pero al final las más bajas apetencias e instintos siempre acababan surgiendo a flote, motivo por lo que los decadentistas decidieron abrir en canal al hombre y analizarlo sin escrúpulos.

felicien-rops_1

El satánico calvario (1882) – Félicien Rops

gustav-adolf-mossa_1

Los Cuatro Evangelistas (1906) – Gustav Adolf Mossa

gustav-adolf-mossa_2

Gustav Adolf Mossa

julio-ruelas_1

Esperanza (1902) – Julio Ruelas

julio-ruelas_2

(1904) – Julio Ruelas

julio-ruelas_3

Implacable (1901) – Julio Ruelas

Esta mirada crítica y minuciosa del hombre tiene sus orígenes en la corriente naturalista de Émile Zola, aunque Huysmans decidió romper con ella ya que la consideraba monótona, determinista e insuficiente para entender verdaderamente el espíritu del hombre. La pretensión de Huysmans era la de crear un “naturalismo espiritual”, donde se pasara de lo colectivo a lo individual, de los ambientes vulgares y corrientes a los minoritarios y diferentes, del hombre convencional al extraño y original, en definitiva, de la mediocridad terrenal representada por el vulgo a la elevada espiritualidad de los individuos excepcionales.

 

“Había muchas cosas que Zola no podía comprender: en primer lugar, esa necesidad que yo sentía de abrir las ventanas, de escapar de un ambiente en el que me asfixiaba; luego, el deseo que yo experimentaba de sacudir los prejuicios, de romper los límites de la novela, de hacer entrar en ella el arte, la ciencia, la historia, y de no servirse de esta forma literaria nada más que como marco para insertar en él trabajos más serios”.

– Joris-Karl Huysmans –

 

Las teorías de Hypolyte Taine que fueron de gran influencia para el naturalismo y que se basaban en el análisis ambiental y sociológico para luego estudiar su influencia sobre el individuo, Huysmans las descarta totalmente aislando a sus protagonistas y dotándolos de unas personalidades excéntricas e inclasificables. Huysmans pone especial atención en la realización y búsqueda de la identidad personal, lo cual supone toda una aventura espiritual, donde sus personajes interactúan con un exótico y reducido espacio que nos ofrece información sobre su peculiar forma de ver y sentir el mundo en el que viven. De hecho, las principales obras de Huysmans no están realizadas para contarnos una historia, sino para mostrarnos la refinada y personal sensibilidad de sus protagonistas. Son libros de sensaciones que permiten que el lector pueda pintar su mente con toda clase de colores y formas, descubrirse y sentir el placer de abrazar a su espíritu.

 

Lo que a mí me preocupaba especialmente en aquellos años, era suprimir la intriga tradicional, incluso la pasión, la mujer, y concentrar el pincel de luz sobre un único personaje, realizar a toda costa algo nuevo”.

– Joris-Karl Huysmans –

 

Belleza, decadencia, amor, horror, placer, dolor, son contrastes constantes en las obras de Huysmans y que permiten tanto a sus personajes como al lector, viajar por toda clase de sensaciones, agradables o no, pero que al final siempre acabaran punzado en el corazón.

huysmans_2

Retrato de Huysmans (1878) – Jean-Louis Forain

La obra más importante de Huysmans es la ya citada À Rebours, aunque tampoco deberíamos descuidar a À Vau L’eau (A la Deriva), escrita dos años antes en 1882, o En Rade (1886; En Rada). Las tres obras configuran lo que algunos han definido como la “trilogía del nihilismo”, precisamente por estar centradas en las angustias existenciales de sus protagonistas, quienes intentan llenar sus vacíos de forma insatisfactoria, al no poder alcanzar la ansiada plenitud interior. Con estas tres obras Huysmans llega a un punto en que ya no puede ir más allá, aunque pronto descubre que eso es porque sólo está mirando el mundo terrenal y el hastío que habita en él. Por ello, por necesidad, curiosidad o simplemente por deseos de hallar algo estimulante, logra traspasar el umbral del más allá para adentrarse en los misterios del Mal, escribiendo de este modo su obra Là-Bas (1891; Allá Lejos).

huysmans_1

Caricatura de Huysmans (1885) – Coll-Toc

Aunque todas estas obras de Huysmans merecen ser leídas para profundizar más en el estilo de su autor, su obra maestra es À Rebours, ya que en ella están reunidos todos los ingredientes que configuran el movimiento decadentista, especialmente a través de su aristócrata protagonista, Jean Floressas Des Esseintes. Este personaje de rimbombante onomástica proviene de una gran familia nobiliaria y militar, donde sus antepasados podían jactarse de poseer un porte atlético y saludable. No obstante, Des Esseintes no tiene nada en común con ellos, es débil, afeminado y de aspecto enfermizo, y para desgracia del linaje, es el único miembro de la familia todavía con vida. A pesar de estar adentrado en la treintena, su salud, tanto física como mental, nos recuerda a la de un anciano ante las puertas de la muerte, imagen que se hace todavía más triste y amarga al contemplar el desprecio que siente ante la vida y el ser humano.

des-esseintes_1

Ilustraciones de Auguste Lèpere para una edición de À Rebours (1903).

Des Esseintes vive una fuerte crisis existencial y sufre el hastío de quien lo ha hecho y visto todo. Nada le llama la atención y en su constante búsqueda de lo nuevo, recurre incluso a los bajos fondos para probar toda clase de placeres que le permitan descubrir interesantes estímulos, sin embargo las ilusiones siempre se le acaban marchitando con el fiel regreso del tedio. Su salud también mengua a una gran velocidad y sus sentidos, hartos ya de excesos, ahora se le muestran impotentes, lo cual le hunde más en su apatía sin límites.

des-esseintes_2

Ilustración de Arthur Zaindenberg para una edición de À Rebours (1931).

Solo, enfermo y cansado, en vez de aceptar su miseria como el personaje de Jean Folantin en À Vau L’eau, Des Esseintes reacciona contra la mediocridad de su existencia y del mundo que le rodea y decide avanzar contrapelo y contracorriente, intentando construirse su propia vida como si se tratase de una refinada obra de arte. Para ello decide comprar una casa por los alrededores de París, en un sitio completamente apartado y sin vecinos, y se recluye en ella decorándola de forma excéntrica y exquisita. La casa se torna entonces en el núcleo de su existencia y en el punto de conexión con su espíritu, y a través de los diferentes capítulos vamos descubriendo de forma minuciosa las pinturas que cuelgan en sus paredes, los libros que reposan en sus estanterías, las joyas que decoran la coraza de una enorme tortuga, las exóticas y monstruosas flores de su jardín, así como todas las evocaciones, reflexiones y algún que otro sueño surrealista que surgen al estar en contacto con todos estos objetos estimulantes.

des-esseintes_3

El personaje de Des Esseintes podríamos definirlo como un rebelde de carácter contradictorio, impredecible, autodestructivo y de extrema sensibilidad, un perfil que se inauguraría en los albores de la Edad Contemporánea con Lord Byron, y que luego seguirían otros poetas como Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud o Alfred Jarry, aunque algunas estrellas del rock como Elvis Presley, Jim Morrison o Kurt Cobain también supieron heredar esta tradición romántica. No obstante, Des Esseintes se diferencia de todos ellos en el hecho de que no es un hombre de acción, sino de vida contemplativa. Si bien es cierto que ha conocido placeres de todos los colores, al final decide pasar sus días encerrado dentro de su hogar, consumido por el hastío y el cansancio del contacto con el mundo exterior.

des-esseintes_6

Su casa cumple la triple función de vivienda, museo y mausoleo. En ella vive el día a día sin salir apenas fuera y cuando lo hace, no tarda en volver como si estuviera huyendo de una desagradable tormenta. Dentro se halla su particular oasis, donde puede regodearse del arte más exquisito, al tiempo que le sirve de puente para viajar a través de sus recuerdos, sus sueños o por una mezcla de ambos. Todo ello le sirve para evadirse del dolor y asco que siente al contemplar el mundo exterior, pero también al mirarse a él mismo, ya que su figura extremadamente envejecida, sin salud y sin ilusión, le recuerda que está muriendo en vida y que su casa, por muy bien decorada que esté, al fin de cuentas no es más que una tumba más. Por todo ello, Des Esseintes no logra ser feliz, ni dentro ni fuera de su casa, aunque muy consciente de ello, prefiere resignarse y seguir construyendo su particular mundo, en el cual al menos la infelicidad le resulta menos estresante y la muerte un elixir no tan amargo.

des-esseintes_5

Pero Des Esseintes no es sólo un hombre amargado y atormentado, que deambula como un alma en pena por sus aposentos. Tal y como he indicado, la personalidad de nuestro protagonista se caracteriza especialmente por la rebeldía de herencia byroniana, aunque en vez de salir al exterior y enfrentarse con el mundo directamente, decide hacerlo desde la intimidad de su casa. Su rebeldía no es por tanto exhibicionista, sino que la percibimos a través de sus ideas, gustos y estilo de vida que lleva dentro de su hogar. Es un rebelde agotado y rendido, tan hastiado que incluso ya le aburre seguir escupiendo al ser humano.

des-esseintes_4

Su admiración por Baudelaire es infinita e incluso tiene una edición a modo de misal de Les Fleurs du Mal, pero a diferencia del poeta francés, Des Esseintes ha decidido romper todo tipo de lazos con la sociedad. Se sabe que Baudelaire siempre quiso retirarse a las afueras de París, para poder escribir plácidamente y estar alejado de la humanidad, pero por diversos motivos, nunca logró el sueño de un retiro indefinido. La gran ciudad, las deudas y los vicios no se lo permitieron, pero sí a Des Esseintes, quien no sólo logra cumplir el sueño de Baudelaire, sino el de todos aquellos rebeldes decadentistas que acabaron pereciendo en su lucha constante contra el mundo, sin posibilidad de hallar un oasis donde morir solos y tranquilos.

des-esseintes_7

Sin embargo, la rebeldía de Des Esseintes no sólo es perceptible hacia el mundo moderno, sino también hacia el pasado. Es un rebelde que lucha en todos los flancos donde quede un atisbo de normalidad. Rechaza la vida moderna y su ritmo acelerado, pero adora la contemporánea pintura simbolista de Gustave Moureau y de Odilon Redon, frente a la de corte más tradicional y académica, que era mucho más aceptada por la sociedad del momento. También prefiere la literatura latina infravalorada por sus coetáneos con el apelativo de “literatura decadente” (Lucano, Petronio, Claudiano), y que hacía referencia a toda esa literatura que desde Augusto y en especial desde la segunda mitad del siglo II hacia adelante, se consideraba inferior a la realizada por los autores clásicos y más modélicos como Virgilio, Horacio o Cicerón.

moureau_1

Salomé (1876) – Gustave Moureau

Odion Redon, Le Cube, Lithograph

El Cubo (1880) – Odilon Redon

Frente a la tendencia positivista que se extendía sin pausa por las élites intelectuales francesas, Des Esseintes, si bien también reniega del cristianismo, encuentra una tercera vía a través del pensamiento pesimista, basado en los postulados de los filósofos alemanes Arthur Shoppenhauer y Eduard von Hartmann. La doctrina del pesimismo fue seguida por ciertos círculos de escritores y artistas franceses de finales del siglo XIX, y se basaba en la resignación y en la falta de esperanza dentro de un mundo basado en el constante dolor. Con ello se pretendía mostrar al ser humano y al mundo en su máxima crudeza y sin justificaciones. Para Shoppenhauer la condición del hombre es el dolor, ya que éste no puede escapar del círculo vicioso del deseo y el sufrimiento. Para el filósofo alemán, el hombre que desea acaba finalmente hastiado e insatisfecho, lo cual le conduce directamente al sufrimiento y este de nuevo al deseo. Dado que no se puede escapar del dolor, Shoppenhauer plantea que únicamente nos queda resignarnos, aceptar nuestro sufrimiento y vivir la vida aun sabiendo que ésta no vale absolutamente nada.

 

“Cada soplo de aire que inhalamos impide que nos llegue la muerte que constantemente nos acecha… En última instancia la muerte debe triunfar, pues desde el nacimiento se ha convertido en nuestro destino y juega con su presa durante un breve lapso antes de devorársela. Sin embargo, proseguimos nuestra vida con gran interés y solicitud durante el mayor tiempo posible, de la misma manera en que soplamos y hacemos una burbuja de jabón lo más grande y larga posible, aunque con la certeza total de que habrá de reventarse”.

– Arthur Shoppenhauer –

 

Si la vida es como una burbuja de jabón, tal vez lo único que nos queda es la contemplación estética de la misma, es decir, la búsqueda de la Belleza en nuestra existencia. Este planteamiento, debió fascinar a un hombre tan sensible y enamorado del arte como Huysmans, por lo que hizo que Des Esseintes se refugiara en el arte para soportar mejor el peso de su existencia y el de un mundo que le resultaba desagradable.

huysmans_3

Joris-Karl Huysmans

De hecho, uno de los pilares en los que se sostiene À Rebours consiste en el dilema sobre naturaleza o artificio a la hora de hallar la Belleza. Des Esseintes parece tenerlo muy claro y apuesta sobre el artificio, ya que lo considera muy superior a la naturaleza y la mayor marca distintiva del ingenio humano. Para nuestro protagonista, la naturaleza ya ha cumplido su tiempo, dado que los artistas pueden copiar completamente la realidad natural y los que poseen un espíritu más refinado y sensible, ansían superarla, ir más allá, alejarse de los paisajes uniformes y crear otros sin límites creativos. Es por ello, que para Des Esseintes el artista moderno debe buscar su originalidad, del mismo modo que lo hacen Moureau o Redon, pero también artistas de épocas pasadas y que también admira como El Greco o Matthias Grünewald.

greco_1

Cristo en la cruz (1597-1600) – El Greco

grunewald_1

Retablo de Isenheim [detalle central] (1512-1516) – Matthias Grünewald

A Des Esseintes le fascina las formas retorcidas, los temas invertidos, el hecho de pervertir los estilos y hallar lo raro, lo extraño y lo maravilloso en el arte. Por supuesto, esto no sólo lo aplica en al campo pictórico, sino también en el literario, donde además de los “decadentes latinos”, también encuentra originalidad en autores contemporáneos como en el ya citado Baudelaire o en Barbey D’Aurevilly, quien a su vez escribiría lo siguiente sobre À Rebours:

 

“Después de un libro semejante, al autor sólo le queda elegir entre una pistola o caer de rodillas ante los pies de la cruz”.

– Barbey D’Aurevilly –

 

Las palabras de D’Aurevilly profetizaban una fuerte crisis en Huysmans en todos los niveles, aunque para sorpresa de muchos, éste logró hallar una tercera vía que tal vez nadie quería reconocer como posible, y que consistía en adentrarse en las Tinieblas para besar los labios de Belcebú, labios que también le asesorarían en la realización de su obra más siniestra: Là Bas.

Aun así, D’Aurevilly no se desencaminó en absoluto, ya que tras su periplo por el Aberno, Huysmans finalmente acabo abrazando las enseñanzas de la Iglesia Católica hacia 1892, escribiendo novelas como En Route (1895) o La Catedrale (1898).

“¿Acaso el terrible Dios del Génesis y el pálido crucificado del Golgota, para demostrar de una vez por todas que existían, no podrían reactivar de nuevo los cataclismos del pasado y encender la lluvia de fuego que antaño devastó las ciudades malditas que fueron arrasadas?
(…)
¡Señor, ten piedad de este cristiano que duda, de este incrédulo que quisiera creer, de este galeote de la vida que se embarca, en plena noche, solo, bajo un firmamento que ya no iluminan los faros consoladores de la antigua esperanza!”

– Jean Floressas Des Esseintes –

Fuentes:

  • A CONTRAPELO – Joris-Karl Huysmans (Catedra; Letras Universales)